ElGran Oriente de Franciase extraña y se inquieta ante las reacciones de la Iglesia Católica contra elproyecto de ley de bioética, que en este momento se está debatiendo en la Asamblea Nacional Francesa.
El hecho de que Monseñor Vingt-Trois hable de un “retroceso de civilización”, denota un oscurantismo y un desprecio de las posturas éticas laicas, que conciernen, evidentemente, a los representantes políticos, a quienes se les debe reconocer la conciencia de su responsabilidad.
Sin negar a la Iglesia el derecho a enseñar moral a sus adeptos, el Gran Oriente de Francia recuerda que en este debate, que interesa a todo el país en la diversidad de sus componentes filosóficos y religiosos, el Estado está en su casa y la Iglesia debe permanecer en la suya.
Está en juego el respeto al laicismo, garante de la paz y de la justicia social.
La progresión de corrientes populistas en numerosos países europeos preocupa a los francmasones del Gran Oriente de Francia. Partidos nacionalistas que fundan su política en la actual angustia de sus contemporáneos, y en la incertidumbre respecto al futuro. Se alimentan del miedo. Suscitan odio entre los hombres. Discursos xenófobos y eurófobos ganan a las grandes formaciones políticas tradicionales.
El ascenso de los fascismos en la primera mitad del siglo XX arrastró las ideas generosas de los partidos republicanos y humanistas. Los inmigrantes, y seguidamente los recientemente nacionalizados y las minorías de toda clase, son los primeros en ser oprimidos. A continuación, los totalitarismos tachan con un simple borrón la democracia que les ha servido de trampolín.
El retroceso hacia un pasado nauseabundo, la búsqueda de identidad, la designación de un chivo expiatorio o del enemigo de siempre no deben sustituir a los proyectos políticos de los países de la Unión Europea.
Antes de que sea demasiado tarde, el Gran Oriente de Francia llama a las democracias a proponer nuevos caminos, en los que el vínculo social, la solidaridad, la dignidad y los derechos del Hombre revaloricen su destino común.
El 9 de Diciembre, se conmemro en Francia la publicación de la Ley 1901 que regula la separación iglesia estado en la Republica Francesa.
Ante la celebración de esa fecha el GOdF emite el comunicado siguiente. Si bien está en un plano muy local en Francia, entendemos que puede o debería ser extrapolable a otras sociedades, y además refleja tremendamente el espirítu ciudadano de nuestra logia.
COMUNICADO
Francia es una republica indivisible, laica, democrática y social. Asegura la igualdad ante la ley de todos sus ciudadanos, sin distinción de origen, de raza o religión. Respeta todas las creencias ( Constitución de la Vª República, Titulo 1º, art. 2 )
Los franc-masones del Gran Oriente de Francia otorgan una importancia fundamental a la laicidad (laïcité) que es la garante de la paz y la armonía social del país cuando se respeta, al mismo tiempo la libertad absoluta de consciencia, la separación de las iglesias y del Estado y de los derechos inalienables de todos. Fieles al rol que la historia de la Republica y a la construcción de sus valores fundacionales, tienen el deber de alertar a los poderes públicos cuando se constate derivas inquietantes que amenacen el pacto republicano.
En la historia del Gran Oriente de Francia, la Laicidad es un combate social, moral y solidario que concierne a la vida cotidiana de los cuidadnos. Es un arma que apunta de forma constante contra los dogmatismos y apuesta por la fraternidad entre los hombres. A menudo las semillas de la opresión, de la precariedad, la miseria o la exclusión, el dogma del dinero se añaden a la globalización de las actuaciones clericales de las instituciones religiosas. La crisis financiera y estructural de nuestras sociedades occidentales son fuente de inquietud y las derivas globalizadores, pueden ser motivo de violencia. No podemos permanecer ciegos, ni sordos, ni indiferentes ante el sufrimiento y la angustia.
En la fecha de la celebración de la Ley de 1905, los masones del Gran Oriente de Francia recuerdan a los políticos electos de la Nación y sus representantes del estado que la Laicidad es un valor republicano esencial que pertenece a la intimidad de cada uno de nosotros, que invita a la solidaridad y que permite la transmisión humanista de un destino común.
La Laicidad, es el sentido de la divisa de la Republica Francesa: la Libertad, el valor de libre elección, la Igualdad, que es la preeminencia del individuo, la Fraternidad, la necesidad de cohesión social.
Una Obediencia Masónica no es un partido político y tampoco debe convertirse en tal cosa.
Sin embargo, el Gran Oriente de Francia no es una Obediencia como las demás, asocia a la iniciación masónica tradicional una implicación social. Su historial republicano* le ha llevado a la construcción de la República, sus valores, principios, razones éstas que explican su intervención en el debate público. Sin ser cortesano ni partidista, el Gran Oriente de Francia tiene la obligación de manifestar una posición en relación con las cuestiones esenciales que afecgta a la República social, laica y democrática. El discurso de Grenoble, pronunciado por el Presidente de la República el 30 de julio merecería sin duda una lectura íntegra, pero en cualquier caso algunos párrafos son merecedores de comentario.
Cita:
«...Vamos a reconsidera las causas que pueden dar lugar a la pérdida de lanacionalidad francesa. Asumo mi responsabilidad. La nacionalidad francesa debe poder ser retirada a toda persona de origen extrangero que voluntariamente atente contra la vida de un funcionario de policía o de un militar de la gendarmería, o de cualquier otra persona depositaria de la autoridad pública. La nacionalidad francesa se merece y hay que ser digno de ella. Cuando se dispara sobre un agente de las fuerzas del orden ya no se es digno de ser francés. Deseo también que la adquisición de la nacionalidad francesa por un menor delincuente en el momento de su mayoría de edad deje de ser automática».
Para el Gran Oriente de Francia si la adquisición de la nacionalidad debe ser objeto de disposiciones que prueben la adhesión del interesado a los valores republicanos, especialmente en cuanto concierne al derecho civil y al respeto a los individuos, especialmente las mujeres, la pérdida de la mismma es un acto gravísimo que debe limitarse a hechos excepcionales, y que no sería en todo caso posible sino tras la modificación del artículo 1º de la Constitución, el cual instituye la igualdad de todos los ciudadanoss ante la ley, sin distinción de su origen. Cualquier otra interpretación arrojaría este planteamiento lejos del ámbito democrático.
Cita:
«... Hay que reconocerlo, y tengo que decirlo, sufrimos las consecuencias de cincuenta años de inmigración insuficientemente regulada que han llevado a un fracaso en la integración. Estamos orgullosos de nuestro sistema de integración. Quizá haya que despertar y ver lo que ha sucedido. Ha funcionado. Pero ya no funciona. Nunca me he dejado intimidar por el pensamiento único. En cualquier caso es increíble que jóvenes de segunda o tercera generación se sientan menos franceses que sus padres o abuelos. Todos aquí podríais dar algún testimonio. Todos. Todos sabéis de ejemplos ¿Por qué no se dice? ¿Hay miedo? No tengo ningún miedo a constar esto porque es la realidad. No tenemos el derecho de ser complacientes con este asunto».
El Gran Oriente de Francia ha llamado la atención a menudo sobre el déficit que presenta el dispositivo de integración en toda su complejidad y sus especificidades, aspectos éstos sobre los que ha desarrollado un especial estudio con ocasión de la celebración del coloquio de Calais. Pero seguimos recordando ahora y siempre que la inmigración es una oportunidad para Francia, que tiene que asumir su historia colonial e igualmente los retos del envejecimiento de su población. Es necesario por tanto más y mejor integración frente a la exclusión.
Cita:
«...En este contexto he pedido al mistro del Interior poner fin a la implantación salvaje de campamentos de gitanos. Estos espacios sin ley no pueden tolerarse en Francia. No se trata de estigmatizar a los gitanos en ningún caso. Tras la ley Besson hemos hecho grandes progresos en relación con los espacios puestos a su disposición. Cuando fui nombrado ministro del Interior en 2002, las áreas de estacionamiento alcanzaban únicamente el 20% sobre lo previsto. He hecho un recuento con el ministro. A día de hoy más de un 60% de los espacios de estacionamiento legales han sido habilitados. Los gitanos que lleguen a Francia para instalarse en los emplazamientos legales son bienvenidos. Pero ¿puedo, en tanto que Jefe del Estado, aceptar que haya 539 campamentos ilegales en Francia? ¿Quién puede aceptarlo? He visto decir a algún responsable político "pero por qué se ocupa Ud. de tal cosa si ese problema no se plantea". No se plantea el problema para un responsable político cuyo domicilio no se halle junto a un campamento ¿Sería su opinión distinta si resultara afectado personalmente?».
El Gran Oriente de Francia no tiene ninguna necesidad de recordar la estigmatización de la que son víctimas las poblaciones itinerantes o nómadas; y constata a menudo la precariedad en la que son obligados a vivir. Nada excusa los actos criminales, de delincuencia o violencia de los que algunos serían autores o responsables. Pero una política concreta de localización, de escolarización, de integración, será siempre mejor respuesta que la exclusión.
El Gran Oriente de Francia ha demostrado desde hace mucho tiempo que no es ni ciego ni flojo en sus posiciones, y que apoya lógicamente a las víctimas para posibilitar su defensa en un Estado de derecho. La estigmatización y la exclusión, la confusión y la amalgama, no son capaces de resolver los problemas que se plantean.
Tal y como nos recuerda la Declaración de Derechos Humanos, llamamos a la construcción de una respuesta democrática a los problemas planteados, entre los que la violencia física es el punto más insoportable; todo ello pasa por una educación a la ciudadanía, con sus derechos y obligaciones, y una escuela emancipadora.