La sociedad
francesa, al igual que la española y la europea en general, está sufriendo
convulsiones con diferentes orígenes, la crisis económica, el ascenso de la
ultraderecha, homofobia, racismo, los ataques a la Laicidad y a los valores democráticos que
profesa la Republica.
Ante estas situaciones el Gran Oriente de Francia siempre
ha mostrado su opinión, y en esta ocasión un artículo realmente lúcido del
recién elegido Gran Maestro Daniel Keller, viene a decir en alto y en público
lo que muchos francmasones del GOdF repartidos en mas de 1200 logias, en mas de
20 paises piensan.
El tiempo de los despropósitos
17 NOVEMBRE 2013 | PAR LES INVITÉS DE MEDIAPART
Daniel Keller, Gran Maestro del Gran Oriente de
Francia
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De forma aparentemente inevitable la
infamia golpea de nuevo a mazazos el pacto republicano. Para empezar, propuestas
homófobas que han llenado de oprobio el debate sobre el matrimonio para todos,
luego le tocó a los tufos xenófobos señalando para la venganza popular a los
Miserables de nuestro tiempo, a quienes han llegado de los cuatro rincones más
pobres del planeta. Como si esto no fuese suficiente, la bajada a los infiernos
ha continuado con ataques racistas de los que la Ministra de Justicia ha sido
objeto recientemente. Para terminar, el Presidente de la República fue
abucheado con desprecio a cualquier forma de dignidad elemental durante la
conmemoración del armisticio de la I Guerra Mundial.
Estos excesos indignan al francmasón que soy y, seguro, al
conjunto de hermanos y hermanas del Gran Oriente. Sería irresponsable
considerarlos como meras equivocaciones insignificantes. Todo lo contrario, a
través de estas infamias el espíritu republicano que debería enraizarse en
valores democráticos ha sido vilipendiado. Pertenezco a una Obediencia que se
ha forjado en el rechazo al odio y a la violencia, que ha combatido para que la
República se convierta en un lugar donde la libertad, la igualdad y la
fraternidad sean el cimiento de una sociedad capaz de vivir unida y en
permanente progreso, más allá de la multiplicidad de orígenes, de la diversidad
de culturas y sensibilidades políticas.
El francmasón que soy cree que la sociedad solo mejorará en la
medida en que hombres y mujeres que la componen sepan hacer prevalecer aquello
que los une frente a los que los divide. A condición, mientras tanto, de que el
tiempo del odio no se imponga definitivamente sobre el tiempo de la razón. Para
esto, cada ciudadano debe dar prueba más que nunca de ese espíritu republicano
sin el cual la República no podrá triunfar sobre sus enemigos.
Corresponde,
en las actuales circunstancias, a la clase política
en su conjunto mostrar una solidaridad sin fisuras frente a principios
que no
pueden ser rehenes del debate político que anima a cualquier democracia
ni servir para recolectar votos que refuerzan esos principios. Corresponde a aquellos que la Nación confía
la misión de representarla, el trabajo de ser los promotores incansables de una ética
política sólida. Esa clase política, solo ella, podrá hacer
retroceder a la bestia inmunda que renace de sus cenizas.
Será el ejemplo colectivo el que contendrá el río en su lecho,
quien dará a cada uno el sentido personal de sus limitaciones y será el
fundamento de cualquier acción reformadora consensuada.
Puede tratarse de un combate cuyo resultado ya no sería considerado
dudoso. En cualquier caso, es la tarea del francmasón, en el lugar que le
corresponde, trabajar sin relajarse para garantizar que el tiempo de la
sinrazón nunca volverá.