
El Gran Oriente de Francia se extraña y se inquieta ante las reacciones de la Iglesia Católica contra el proyecto de ley de bioética, que en este momento se está debatiendo en la Asamblea Nacional Francesa.
El hecho de que Monseñor Vingt-Trois hable de un “retroceso de civilización”, denota un oscurantismo y un desprecio de las posturas éticas laicas, que conciernen, evidentemente, a los representantes políticos, a quienes se les debe reconocer la conciencia de su responsabilidad.
Sin negar a la Iglesia el derecho a enseñar moral a sus adeptos, el Gran Oriente de Francia recuerda que en este debate, que interesa a todo el país en la diversidad de sus componentes filosóficos y religiosos, el Estado está en su casa y la Iglesia debe permanecer en la suya.
Está en juego el respeto al laicismo, garante de la paz y de la justicia social.
París, a 25 de mayo de 2011
Fuente: Apuntes desde el Rito Frances