miércoles, 30 de junio de 2010

Un Gran Maestro y un Presidente...tan normal

La noticia que recogemos, muestra como la normalidad en las democracias "asentadas" es que la masoneria y el Estado tengan una relacion normal. Que las obediencias masonicas puedan dar su opinion sobre los temas que preocupan a la sociedad.

En España vamos caminando....






REUNION ENTRE EL GM DE LA GRAN LOGIA DE CHILE Y EL PRESIDENTE SEBASTIAN PIÑERA

El Gran Maestro de la masonería chile, Luis Riveros, se reunirá este miércoles con el presidente Sebastián Piñera y entre los temas a tratar se encuentran las reformas al sistema educacional chileno.

Hasta Concepción llegó la máxima autoridad de los masones para reunirse con los rectores de los colegios de la obra laica en la Región del Bío-Bío.

En la ocasión la comunidad masónica pidió a Riveros que busque un canal de diálogo con el gobierno para que sus ideas sean parte importante de los cambios que pretende el ejecutivo en educación.

En este sentido, el líder de la masonería, Luis Riveros, anunció que estos temas los colocará en la mesa, cuando esta semana se reúna con Sebastián Piñera.

El rector del Colegio Concepción de San Pedro de la Paz, René Mora, dijo que están confiados en que las reformas en educación respetarán los principios básicos de la libertad de enseñanza.

Mora sentenció que las décadas de experiencia en educación son un buen argumento para tomar lección en cambios curriculares.

Fuente: http://fenix137rls.blogspot.com/

miércoles, 23 de junio de 2010

Entrega de premios del Concurso Fotográfico EL SÍMBOLO PERDIDO

La Logia Mozart, mediante este concurso, ha pretendido recopilar, catalogar y divulgar los bienes artísticos, urbanísticos y arquitectónicos con carácter simbólico, presentes en España

La entrega de premios del concurso El Simbolo Perdido, que ha contado con mas de 800 participantes y mas de 2000 obras inscritas, tendrá lugar el próximo día 2 de Julio, en el Ateneo de Madrid.

En el acto intervendrá Antonio Morgado, presidente de la Asociación Logia Mozart.

La ceremonia de entrega de premios irá precedida de una conferencia a cargo de Enrique de Vicente, autor de “Claves ocultas de El Símbolo Perdido”.

Las obras finalistas, serán expuestas en el propio Ateneo, en la Sala de Retratos, del día 2 al 9 de julio, y en el mes de septiembre, viajarán a París, donde formaran una exposición temporal en el Museo de la Francmasonería de París.

Esta iniciativa de la Asociación Logia Mozart cuenta con el apoyo y colaboración de:


Información del concurso: www.concursofotografico.es


martes, 22 de junio de 2010

Intervención de Aime Battaglia: ¿Qué laicidad, para convivir mañana?‎














Señoras y Señores, muy Queridos Amigos,

¿QUÉ CLASE DE LAICIDAD PARA CONVIVIR MAÑANA?

En 1902 Ernest Lavisse, Director de la Escuela Normal Superior, miembro de la Academia Francesa, autor de una Historia de Francia, Francmasón., escribía:

“Ser laico

No es limitar el pensamiento humano al horizonte visible, ni prohibir al Hombre el sueño y la perpetua búsqueda de Dios; es reivindicar para la vida presente el esfuerzo del deber.

No es querer violentar, no es despreciar las conciencias todavía detenidas en el encantamiento de viejas creencias; es negar a las religiones –que pasan- el derecho de gobernar a la Humanidad –que permanece.

Es combatir el espíritu de odio que sopla desde las religiones y que fue causa de tanta violencia, matanza y ruina.

Ser laico

Es no consentir la sumisión de la razón al dogma inmutable, ni la abdicación del espíritu humano ante lo inaprensible.

Es creer que la vida vale la pena de ser vivida, amar esta vida, rechazar la definición “Tierra, valle de lágrimas”, no admitir que las lágrimas sean necesarias y beneficiosas, ni que el sufrimiento sea providencial; es no sacar provecho de ninguna miseria.

Es no remitirse a un juez con sede en un más allá, para saciar a los que tienen hambre, dar de beber a quienes tienen sed, reparar las injusticias o consolar a los que lloran; es presentar batalla al mal en nombre de la justicia.

Ser laico

Es tener tres virtudes: caridad, es decir, amor a los Hombres; esperanza, es decir, benéficos sentimientos de que llegará el día, en la lejana posteridad, en el que se realizarán los sueños de justicia, paz y felicidad por los que suspiraban, mirando al cielo, nuestros lejanos ancestros; fe, es decir, la voluntad de creer en la victoriosa utilidad del esfuerzo permanente “.

La laicidad se distingue de la noción de tolerancia, tan cara a las ideologías anglosajonas que, confundiéndolas, favorecen el concepto de comunitarismo. La laicidad no es una opción entre otras, una creencia o ideología que se opondrían igualmente a las prácticas espirituales o religiosas, y tampoco no se reduce a una lucha por el poder entre iglesias y Estado.

El carácter restrictivo de la tolerancia lo definió Locke, el primero que incitó a separar la política de lo religioso y que, en su “Carta sobre la tolerancia” de 1689, admitía gustosamente que se pudiera no creer en el poder divino, pero que, sin embargo, aconsejaba excluir a los no creyentes, pues no se podía, según él, admitir en una sociedad a gente en cuya palabra no se pudiera creer. Para Locke, los vínculos religiosos eran el fundamento de toda sociedad. Se trataba ya, pues, de una forma de comunitarismo.

Pierre Bayle da la vuelta al argumento de Locke, afirmando que los no creyentes deben ser admitidos, porque no pueden apelar a una autoridad transcendente, a un dios, y así se someten directamente a la ley. Son, de alguna manera, más obedientes que el resto.

Para Catherine Kintzler, una autoridad en la promoción y defensa de la laicidad, no se trata sólamente de hacer coexistir personas y comunidades tal cuál, sino de hacer coexistir todas las libertades pensables en un mismo momento. Es lo que, según ella, hace de la laicidad un mínimo común, en la medida en que se puede pensar más allá de toda referencia sagrada comunitaria, e incluso más allá de una referencia a la sacralización de un vínculo social.

Laicidad y tolerancia son, de hecho, complementarias ; no conviene asimilar la laicidad a una voluntad de control totalitario, ni tampoco a una postura anti religiosa. Esto nos haría caer en un fundamentalismo laico que, en la misma línea del integrismo religioso, confunde espacio público y espacio privado, no aceptando, de hecho, la libertad de opinión, creencia o pensamiento más que a título privado y limitando su expresión. Son éstas, por otro lado, nociones totalmente opuestas a nuestra pertenencia al Gran Oriente de Francia .

Retomemos una de las frases de Ernest Lavisse : « Ser laico es no consentir la sumisión de la razón al dogma inmutable, ni la abdicación del espíritu humano ante lo inaprensible.” No nos dice que la creencia, y a fortiori la fe, no tengan derecho de ciudadanía, sino que la razón no puede someterse a ellas. En efecto, ¿puede el Hombre vivir sin creencia? ¿Puede haber una verdad sin creencia? ¿Puede haber un Francmasón sin mito? Es necesario, pues, hacer cohabitar armoniosamente entre nosotros, sobre todo en nuestros templos, Razón y Creencia, estableciendo así la Laicidad.

Kant, en su “Crítica de la razón pura”, escribió: “La creencia, que consiste en considerar verdadero algo, es un hecho que entendemos puede descansar sobre principios objetivos, pero requiere también causas subjetivas para el espíritu del que efectúa el juicio.”

Para Alain, “Creencia es la palabra que designa toda certeza sin prueba…//… Cuando la creencia es voluntaria y jurada a partir de la alta idea que hay del deber humano, su verdadero nombre es fe.”

Históricamente los laicos, los Francmasones, han opuesto razón y creencia o fe; la razón permite buscar y a veces conquistar el saber, y discernir lo que es real, mientras que la creencia sólo procura una seguridad subjetiva, cuyo fundamento a menudo no es verificable, ya que se trata de objetos de dudosa existencia. Voluntad del espíritu que en ningún caso puede ser aceptada como universalmente verdadera, pues sólo apela al deseo de un individuo particular en circunstancias particulares, la creencia sería, por definición, irracional y, muy a menudo, irrazonable. Pero, desde el momento en que se admite que las creencias sólo son un deseo de una voluntad individual, se admite que pueden escapar de la razón y, sin embargo, expresarse. Es el campo del libre albedrío, el del pensamiento laico y la libertad del Francmasón .

En efecto, ¿Con qué derecho, en nombre de la razón, pueden ser tratadas con desprecio creencia y fe? ¿Qué es más importante para nosotros? ¿Por qué desde siempre los Hombres han tenido creencias y por qué las consideran a menudo como lo más precioso? Sería tentador responder asignando creencia o fe al registro de la psicología y de la subjetividad afectiva: los Hombres necesitan creer para adquirir seguridades o para forjarse armas de dominación. ¿Pero no volvería esto a meter en el mismo saco, etiquetados como creencias, actitudes y pensamientos fundamentalmente diferentes?

Estas preguntas se suscitan en las relaciones entre los Hombres. Dichas relaciones suponen siempre un diálogo que no será verdadero sin la práctica del respeto a las exigencias de la razón. Pero estas exigencias, a su vez, ¿no suponen la existencia de Hombres libres que dan su palabra no sólo para que ésta sea comprendida sino también creída, sin dogmatismo y con profundo respeto a la alteridad?

En justicia, todos los Hombres tienen la misma facultad de juicio y todos están inclinados a creer. La inercia de la mente produce una pereza que puede entumecer la inteligencia. Las religiones asocian a este principio su poder sobre los Hombres. Es necesaria una singular vivacidad de espíritu, una continua curiosidad intelectual para que la inteligencia permanezca siempre despierta. La pereza intelectual favorecerá siempre el conformismo respecto de las ideas recibidas, así como la aceptación de los dogmas. Efectivamente, el debilitamiento del espíritu crítico deja el campo libre a la credulidad, actitud con la que el espíritu avala sin examen previo ideas o informaciones, a menudo de manera subliminal. La credulidad es una forma irracional de pensamiento que conduce a creer lo que sea, a admitir sin explicación, a inclinarse a la superstición. La forma exacerbada de la credulidad es el fanatismo. La adhesión del fanático a una creencia es masiva, incondicional, estrecha y totalmente desprovista de espíritu crítico.

Francmasones, Hombres libres profundamente comprometidos con la laicidad, no por ello somos menos humanos y tenemos necesidad de creer. De creer que el Hombre, a través de su entrega personal y por su participación en la empresa colectiva, podrá mejorarse y mejorar la sociedad, si obra con rectitud en función de orientaciones morales, escapando a toda influencia religiosa colectiva. Nuestras creencias son, de derecho como de hecho, revisables en tanto en cuanto permanezcamos abiertos al diálogo y conservemos nuestro espíritu crítico. Francmasones miembros del Gran Oriente de Francia, no podemos, nos negamos a dividir el mundo en creyentes y no creyentes. Más absurdo sería aún imaginar que la fe está únicamente del lado de los creyentes, y la ciencia y la razón sólo del lado de los no creyentes. En el mundo humano, en la sociedad laica, en nuestros templos, sólo nos encontramos con creyentes en algo, en lo que sea.

En su discurso de Yaoundé, Benedicto XVI dijo: “Si creo, no es por credulidad sino porque lo que se me da a creer es creíble. Mi razón examina mi acto de fe y lo encuentra posible, probable y no contrario a ella misma. La fe es creíble.”

Ciertamente no comparto esta opinión, pero la respeto. No la comparto pues para mí, ateo de nacimiento, falta la realidad de la prueba, en este caso la de la existencia de Dios. Pero Benedicto XVI es papa y se expresa ex cathedra. ¿Cómo podría expresarse de otro modo? Pero si se expresara como Hombre, lo que yo pienso es ¿qué derecho, qué razón me autorizarían a mí, Francmasón, a poner en duda la sinceridad de su convicción y de su fe? ¿Debería prohibírsele toda expresión de su libre albedrío, por la única razón de que es uno de nuestros más acérrimos adversarios? ¿Porque se ha expresado en público? De ninguna manera, porque Francmasones y laicos lucharemos siempre por la libertad de pensamiento y de expresión –conforme a la frase de Voltaire que nos es particularmente querida-, a condición de que dicho pensamiento y su expresión no atenten contra la integridad y la libertad del Hombre.

¿Qué clase de laicidad para convivir? La que conocemos, fruto del combate librado durante siglos por los hombres libres contra la intolerancia y el fanatismo religioso. La que no tiene que ser ni moderna, ni abierta, ni positiva pues es armonía y la base de la convivencia.

Muchas gracias.

Madrid 17 de junio 2010

viernes, 18 de junio de 2010

Más de 300 asistentes abarrotaron el salón de actos del Ateneo de Madrid, en la presentación del "Manifiesto Laico de la Masonería Liberal”.














Ágora, agrupación para el diálogo, dentro de su calendario de actividades y conferencias en el Ateneo de Madrid reunió a los máximos representantes de la Masonería Liberal presente en España en un acto en el que se expusieron posturas y se debatió al respecto de la Laicidad en nuestro país. Las intervenciones fueron seguidas de un debate abierto a todos los asistentes.
Intervinieron:
Dña. Ana María Lorente, Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de España.
D. Jordi Farrerons, Gran Maestro de la Gran Logía Simbólica Española.
Dña. Paloma Martínez Sierra, Presidenta de la Federación Española del Derecho Humano.
D. Aimé Bataglia, Consejero del Gran Oriente de Francia.
Y fue presentado por Dña. Carmen Serrano, Presidenta de“Ágora, Agrupación para el Diálogo”.

"Manifiesto por la Laicidad", Acto del Ateneo, en El País



EL PAÍS: La Masonería liberal reivindica el principio constitucional de aconfesionalidad


Cuatro obediencias de la masonería liberal española reunidas este jueves en el Ateneo de Madrid dieron a conocer, por primera vez, un Manifiesto por la Laicidad en el que preconizan un replanteamiento de las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado español. En el manifiesto reivindican un marco igualitario y libre, sin prevalencias en cuanto al cumplimiento por el Estado del mandato constitucional sobre la aconfesionalidad. Las cuatro obediencias masónicas consideran menoscabado este principio por la preeminencia de la Iglesia católica en la vida institucional, en detrimento de otras confesiones religiosas. Asimismo, la masonería liberal propone plantear a las organizaciones sociales, civiles y progresistas una campaña destinada a suprimir la casilla de la declaración de la renta reservada a la financiación de la Iglesia católica por los contribuyentes, así como un cambio de denominación que se refiera a ley de Libertad de Conciencia, en vez del enunciado ley de Libertad religiosa ahora en boga, donde ésta pueda ser integrada en aquella.

En la reunión auspiciada por el foro de diálogo Ágora, cuya presidenta Carmen Serrano moderó el encuentro, intervinieron también Ana María Lorente, Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de España; Paloma Martínez Sierra, Presidenta de la Federación Española del Derecho Humano; Jordi Farrerons, Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica de España, así como Aimé Bataglia, del Gran Oriente de Francia.

Las participantes resaltaron que el principio de aconfesionalidad del Estado que recoge la Constitución de diciembre de 1978 en su artículo 16º, "quedó sin efecto en la práctica tras la suscripción de un Convenio Iglesia-Estado emitido apenas seis días después de la entrada en vigor de la Constitución española, en enero de 1979". A juicio de Carmen Serrano, "la democracia incluye la laicidad como requisito imprescindible de respeto a la diversidad".

Ana María Lorente, por su parte, resaltó las "inercias mentales aún vigentes imprimieron un troquel patriarcal a las sociedades ya desde hace 4.000 años, así como una concepción solar y masculina de la divinidad; durante todo este tiempo", añadió la Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de España, "por el hecho de ser mujer, la mitad de la sociedad ha vivido bajo un sistema de creencias que le ha impedido desarrollarse libremente". Por ello, abogó por la laicidad "como garantía de una sociedad sin discriminaciones, donde poder ser educada en la tolerancia y en el pensamiento crítico, capaz de poner en cuestión todo tipo de dogma. Asimismo, propuso una "complicidad fraternal de los dos polos de la Humanidad, hombres y mujeres", y preconizó después una sociedad "donde los derechos humanos no sean un mero enunciado".

Según Jordi Farrerons, "la laicidad es un espacio de convivencia respetuoso con todo tipo de creencias e ideologías". Para Farrerons y pese al principio constitucional, "pervive una confesionalidad sociológica del Estado aún después de transcurridas tres décadas de vida democrática en España y a cuyo amparo se produjo la legalización de la Masonería, el 28 de enero de 1980, que desde entonces se ha desarrollado". Igualmente, criticó la identificación de anticlericalismo y laicidad, ya que considera a ésta como un factor de integración social. Por su parte Paloma Martínez Sierra subrayó que España sigue siendo de facto un Estado confesional, y reivindicó una espiritualidad no confesional que la laicidad ampara. Martínez Sierra propuso una convocatoria abierta a las organizaciones progresistas para participar en una campaña que elimine de la declaraciòn de la renta el apartado destinado a la financiación de la iglesia católica. También se mostró partidaria de denominar ley de Libertad de Conciencia al proyecto de legislar sobre libertad religiosa, por estimar que su ámbito es sería más amplio y que la incluiría.

Aimé Bataglia, del Gran Oriente de Francia, hizo una descripción del laicismo al que consideró complementario de la tolerancia. Añadió que "no cabe confundir el espacio público, en el que se mueven los Estados, y el privado, donde tienen lugar las distintas creencias", confusión en la que, a su juicio, "se encuentran los fundamentalismos religiosos y estatales". Reivindicó las creencias como expresiones de los anhelos y deseos del espíritu humano en la esfera de la conciencia y propugnó "luchar contra la pereza mental que crea inercias capaces de adormecer la inteligencia y la vitalidad del espíritu crítico", al que atribuyó el progreso humano.

lunes, 14 de junio de 2010

El Gran Oriente en la revista Tiempo. Artículo completo.

Adjuntamos el artículo completo publicado en la revista Tiempo.

Puede descargarse aquí


viernes, 11 de junio de 2010

Entrevista con Pierre Lambicchi, Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, publicada por Tiempo

Tal y como se anticipaba ayer en este blog, la revista Tiempo publica hoy la entrevista con Pierre Lambicchi, Gran Maestro del G:.O:.d:.F:.

La visita y la entrevista se han realizado con la colaboración de la Logia Mozart, que promovió este encuentro.

Se publica además un artículo con un extenso reportaje fotográfico que puede leerse en su totalidad en la revista impresa.

“Es inaudito lo que se ha hecho en España con el juez Garzón”


Es usted asesor personal del presidente de la República francesa. ¿Se siente poderoso?
No. Poderoso, en el sentido vulgar del término, no. Sí podría decirse que soy una persona influyente, porque los trabajos que hacemos en el GOdF son muy variados y suelen tener repercusión.

¿Qué trabajos son esos?
Nos ocupamos de lo simbólico, de lo esotérico y de lo exotérico, según nuestra tradición, pero también de lo que pasa en la sociedad. Producimos bastantes trabajos sobre laicismo, sobre desarrollo sostenible, economía social, el mundo globalizado... Y, si se nos escucha, pues eso nos hace influyentes. El hecho de tener contactos en todo el mundo también contribuye a eso.

¿Qué significa ser masón en Francia?
Yo diría que lo mismo que en todas partes. Somos hombres y mujeres que, en un momento de nuestra vida, hemos elegido construirnos. Y eso quiere decir que, partiendo de la más absoluta libertad de conciencia, tratamos de mejorarnos a nosotros mismos gracias a lo que llamamos nuestro Método. Pero también nos construimos hacia los demás, hacia quienes llamamos profanos, a través de las obligaciones sociales. La masonería del GOdF es generosa y tiene muy poco de secreta. Intentamos empapar a la sociedad.

En España, ser masón sigue siendo algo que muchos ven mal, como si se tratase de una secta. En Francia, en cambio...
Sí, ya sé. La diferencia está en el respeto. Mire, en Francia es muy fácil ser masón porque tenemos una democracia muy vieja en la que siempre se ha respetado a los demás. La masonería, aquí, no ha sido perseguida casi nunca. La última vez fue en 1940, cuando la ocupación de los nazis. Ustedes, en cambio...


¿Sí?
Pues ustedes siguen teniendo una Iglesia católica muy poderosa, lo mismo que el Opus Dei. Ustedes salen de una dictadura muy larga, que ha terminado hace relativamente poco y que aún no está olvidada, como lo demuestra lo que ha pasado con el juez Garzón.

¿Le preocupa eso?
Desde luego que sí. Estoy muy sorprendido por lo que ha pasado con ese juez. Permítame que sea un poco provocador. No puedo comprender que en España se acepte que se persiga a los dictadores ajenos, a los de América del Sur, pero que no sea posible investigar lo que pasó en su propia casa. Eso me parece inaudito. Esa diferencia de comportamiento, ese miedo, esa juventud de su sistema político, es lo que hace que, entre otras muchas cosas, la masonería siga teniendo problemas.

La democracia española va a cumplir 32 años.
Desde luego, pero ustedes han desarrollado una manera de funcionar en política que, más que unirles, les está separando. Tienen problemas con las autonomías, ¿no es verdad? Cada cual reacciona en función de su tendencia, y no todas las tendencias son integradoras. Hay en España una diversidad de maneras de proceder, en ese sentido, que en Francia no tenemos. Aquí tenemos una costumbre muy antigua, una tradición, una vieja cultura de la libertad, del laicismo y de los derechos humanos. España está avanzando en esa dirección.

¿Qué opina del presidente Zapatero?
No hago política. Es un representante legítimamente elegido por el pueblo español, y en tanto que eso debe ser respetado. No debo tener opinión pública sobre un jefe de Gobierno extranjero... siempre que sea legítimo, que no sea un fascista o un tirano. Si lo fuese, como el que mandó en España durante 40 años, diría otra cosa.

Usted está habituado a hablar con el presidente Sarkozy y con otras personalidades del Estado...
En razón de mi puesto de gran maestro del GOdF, nada más que por eso.

Precisamente. En España ni se sueña con que el jefe del Gobierno o el Rey reciban siquiera a los representantes de la masonería. ¿Qué opina?
Hay una excepción. En Cataluña, el señor Montilla se reunió con varios grandes maestros...

Sí, pero es lo que usted dice: una excepción.
Porque la masonería, en España, es débil aún. Y por lo que le acabo de decir: nosotros somos una vieja república que se ha construido con sangre y con esfuerzo según cuatro principios fundamentales: libertad, igualdad, fraternidad y laicismo. Que son, no sé si lo sabe usted, cuatro pilares de la masonería. En España hay aún camino por delante.

En Francia se acaba de aprobar una ley que prohíbe el uso del burka hasta en la calle. Nosotros también andamos a vueltas con eso. ¿Tiene que ver con el laicismo?
Yo creo que no. Es un problema de derechos humanos.


Explíquese, por favor.
El laicismo tiene una doble dimensión: la política, es decir, la creación de un espacio neutral que permita a todos convivir civilizadamente, y la dimensión espiritual. Esto es, lo que permite a un no creyente, que no pertenece a ninguna iglesia ni profesa ninguna fe, construirse cada día. El burka no tiene nada que ver con eso. Ponerse un burka significa que uno quiere esconderse del resto de la humanidad... o que le obligan a hacerlo, a aislarse del mundo. En cualquiera de los dos casos, es un ataque a los derechos humanos. El burka debe ser prohibido en nombre de los derechos del hombre... y de los derechos de la mujer. No es tolerable esa vestimenta que no tiene nada de religioso, que es nada más que el ropaje de la opresión de un sexo sobre otro. Incluso si alguien nos quiere hacer creer que la mujer se pone esa vestimenta para liberarse.

Ustedes tienen una preocupación intensa por el laicismo.
Sí. En Francia tenemos suerte: sólo se trata de defender la ley de 1905, la de separación de la Iglesia y el Estado. Una ley que ustedes los españoles no tienen. Se trata de defender la evidencia de
que el laico es perfectamente capaz de tener una dimensión espiritual. Un laico no tiene por qué ser un ateo. Ni forzosamente un agnóstico. Es alguien que se construye una cosmogonía en libertad.

En España suele decirse que los españoles siempre vamos detrás de los curas: con un cirio o con un palo, pero siempre detrás.
[Risas]

¿Y la fama de anticlerical que tiene la masonería?
En Francia, y en el siglo XXI, eso es absurdo. La masonería se preocupa de preservar un espacio laico y común de convivencia para todos. Eso no tiene nada que ver con el anticlericalismo.

La crisis que vive el mundo, ¿es sólo un caos económico o es una crisis de valores? ¿Tiene la masonería algo que decir sobre eso?
Claro que sí. Al menos la masonería a la que yo pertenezco, que es liberal y adogmática. En términos económicos, el capitalismo nunca puede ser virtuoso, puesto que sólo persigue el beneficio. Es indispensable, por tanto, que la sociedad ponga unas reglas para propiciar que todo el sistema sea lo más virtuoso posible. El GOdF ha dicho muchas cosas desde el comienzo de la crisis. Hemos dicho que hay que clarificar el sistema económico. Y es evidente que estamos ante una crisis de valores.

¿Por qué?
Porque hemos permitido que la sociedad ponga el beneficio por delante del ser humano. Y la masonería ha defendido siempre que hay que luchar para que la sociedad esté hecha por el hombre, para el hombre y al servicio del hombre. Y no al revés, que el hombre sea un instrumento al servicio de algo que llamamos sociedad. Mire usted lo que pasa en España: el hombre no ha sido respetado por quienes sólo buscaban beneficios a cualquier precio, y ahora se encuentran ustedes en una situación muy difícil, con un paro altísimo y todo lo demás. Nadie hizo nada para que la virtud, la preocupación por las personas antes que por el beneficio, estuviese presente en la economía. Lo mismo ha pasado en Grecia y quién sabe si podría suceder en Francia.

Tengo que preguntarle por la posible iniciación de mujeres en el GOdF. Están ustedes debatiendo eso.
Como gran maestro, no tengo opinión. Lo soy tanto de quienes están a favor como de quienes están en contra. Pero sí puedo decirle que el GOdF no es una obediencia estática: está en permanente camino hacia el progreso.

En España está muy lejos aún el reconocimiento del papel de los masones en defensa de la democracia, hace 70 años.
Sí, lo sé.

Pero en Francia sí se ha reconocido lo que hicieron los masones para reconstruir la democracia, tras la guerra.
Perdón, no hubo reconstrucción de la democracia porque ésta nunca desa-pareció. Fue simplemente suspendida durante cuatro años por el régimen de Vichy. Los demócratas mantuvieron viva la República en la clandestinidad y los masones fueron los primeros en apuntarse a la Resistencia. Luego, la masonería impulsó todas las leyes sociales, la Seguridad Social... Era un hervidero de ideas. Como era su obligación, desde luego. Cuando De Gaulle llega a Argel, lo primero que hace es restablecer las logias masónicas que el régimen de Vichy había cerrado. El GOdF no es tan importante, pero es, a la vez, todo en la República. Entiéndame bien esto. Si desaparece la masonería en Francia, o en cualquier otro sitio, es que ha desaparecido la libertad.

¿Qué hará cuando, en septiembre, deje de ser gran maestro?
Nada. Volveré a mi consulta y seguiré trabajando en mi logia, como he hecho durante toda la vida. En masonería, el poder no es una obsesión.

jueves, 10 de junio de 2010

La revista Tiempo entrevista al Gran Maestro, Pierre Lambicchi, en un extenso reportaje sobre el GOdF

La revista Tiempo publica mañana viernes, 11 de Junio, un extenso reportaje realizado en la sede del Gran Oriente de Francia, en París, que incluye una entrevista con el Gran Maestro, Pierre Lambicchi.

La Logia Mozart, representada por su Venerable Maestro, ha facilitado y asistido a este encuentro que servirá para que el público español tenga una mejor comprensión de los fines de la Masonería en general y del Gran Oriente en particular.

Es la primera vez que un medio de comunicación español de tirada nacional entra en la sede central de la más importante organización masónica adogmática del mundo y tiene la oportunidad de realizar una entrevista que, sin duda, dará mucho que hablar. El Gran Maestro entra a fondo en la actualidad social y política española, con declaraciones que no van a dejar indiferente a casi nadie.

miércoles, 9 de junio de 2010

”Manifiesto Laico de la Masonería Liberal”

Jueves 17 de junio de 2010 a las 19,30 horas

ATENEO de Madrid, calle Prado, 21


Presentación del ”Manifiesto Laico de la Masonería Liberal”

Intervienen:
- D. Aimé Bataglia, Consejero del Gran Oriente de Francia.
- Dña. Ana María Lorente, Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de España.
- Dña. Paloma Martínez Sierra, Presidenta de la Federación Española del Derecho Humano.
- D. Jordi Farrerons, Gran Maestro de la Gran Logía Simbólica Española.

Presenta : Dña. Carmen Serrano, Presidenta de “Ágora, Agrupación para el Diálogo”

Salón de Actos Calle del Prado, 21

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